domingo, 22 de enero de 2012

Sobre el Arquitecto. (Manual de Geometría Sagrada para uso de Masones y otros Buscadores).









Prólogo.


Entre los Masones que se autodenominan o se creen metafísicos puede encontrarse fácilmente, por abundantes detalles significativos, un buen número de ellos sinceramente ilusionados, pero cuyas reflexiones se limitan en realidad a simples repeticiones de lo que han leído y creen haber comprendido de la obra de René Guénon. No podemos sino considerarlos con benevolencia, e incluso con una fraternal comprensión, ya que recibieron la gracia de olfatear su importancia, y -a pesar de la tenaz oposición que esta provoca en la mayoría ignorante- el valor de permanecer fieles.

Debemos sin embargo hacerles notar y comprender, en lo posible, que no tratan más que de una parte de lo que esa obra impone, y que por desgracia han descuidado la parte más importante, privando así de ella a sus lectores y a todos aquellos a los que creen tener que enseñar.

Dejando de lado a los religiosos incondicionales - cuyas sentenciosas lecciones ya nos demuestran sus límites- o que tienen la pretensión de denunciar la "letra que mata", encerrandose ellos mismos en las palabras, resulta desolador constatar que la mayoría se limita igualmente a reiterar ideas lapidarias y a repetir expresiones ya dichas por otros -y mucho mejor-, sin haberlas meditado ni haber profundizado sobre su sentido y sus consecuencias.

Así, los miembros menos ignorantes de la Masonería repiten, a cual más, las advertencias de René Guénon sobre la degeneración de las organizaciones iniciáticas occidentales, sin sospechar que él mismo nos indicó a la par los medios apropiados para regenerarlas. Si algunos se creyeron en el derecho de reprocharle a su obra el dictaminar implacables diagnósticos sin acompañarlos de remedios, fue por no darse cuenta de que en sus notas anexas y sus comentarios analógicos se encuentran todas las indicaciones necesarias para un tratamiento regenerativo, eficaz y salvador. A pesar de rehusar bajar al terreno de las aplicaciones experimentales, donde florece la polémica, Guénon no nos privó de todas las alusiones, indicaciones y paralelismos suficientes para permitirnos, por nuestros propios medios, invertir en el sentido de marcha de la barca que navega a contracorriente.


René Guénon en el Cairo
                                   
         Aunque el mundo moderno ya no nos ofrece la ocasión de practicar oficios cuyo objeto y herramientas puedan ser soporte de meditación, y crear símbolos que actúen tanto en el exterior como en el interior, no es menos cierto que el paso de lo operativo a lo especulativo -demasiado conocido, pero incomprendido- no tuvo lugar por simple fantasía humana, sino por el efecto providencial de una gracia divina, de la que pocos se han dado cuenta. Este paso, tan deplorado, fue simplemente una transmisión de lo esencial, con el fin de que -como muy claramente lo escribió René Guénon- la masonería pudiera conservar intacto y de modo preciso lo esencial del formidable depósito iniciático de los oficios.

No se les puede reprochar a algunos haber considerado esencial conservar los restos de "iniciaciones caballerescas y sacerdotales", sin sospechar que quizá ya no tienen razón de ser en este final de la Edad sombría, más que bajo formas alusivas (no vemos, en efecto, la razón de tal conservación en la proximidad inminente de una Edad de Oro espiritual donde necesariamente deberá desaparecer toda noción de religión e incluso de iniciación, no debiendo ya justificarse de ninguna manera, en una Edad primordial, la distinción entre exo- y esoterismo). Pero se les puede reprochar en cambio el haber descuidado priorizar, desarrollar y profundizar sobre lo que realmente fue transmitido y constituye la base misma de su única iniciación tradicional, indiscutible y auténtica.

Bajo el pretexto de explorar los "estados superiores del Ser" -con bien pocas posibilidades de alcanzarlos- se ha abandonado el aprendizaje simbólico del oficio relegándolo al terreno de lo psíquico extendiéndolo, además, al contrario, hasta el estado de Hombre Primordial, por una incomprensión total de la altura de lo que este estado representa y mostrando así su inmensa dificultad para abstraerse del mundo intermediario.

Tal como lo deplorábamos en "Pequeños y Grandes Misterios" ("Vers la Tradition", nº 57), es imposible encontrar hoy, entre tantas y tantas obras sobre la masonería, un solo trabajo sobre las herramientas y los símbolos de la iniciación de los oficios, como si en esta época de oscurantismo, hubieran llegado a ser tan pueriles que pudiéramos olvidarlos sin peligro.

Sin embargo, una lectura inteligente de la obra de Guénon revela que en estos símbolos se encuentra lo esencial del conocimiento. en el artículo de 1.984, titulado "La iniciación y los oficios" ("Mélanges", Gllimard, 1.976), nos dice lo siguiente:

"El artifex para los antiguos, es indiferentemente el hombre que ejerce un arte o un oficio; pero este no es, a decir verdad, ni el artista ni el artesano en el sentido que esta palabras tienen hoy; es algo más que uno y otro, porque al menos originariamente, su actividad está ligada a los principios de un orden mucho más profundo."

Como aparece explícitamente en la continuación del texto, esto significa claramente que los principios que rigen los oficios son de un orden mucho más profundo de lo que los propios oficios dejan al descubierto:

"Pero aún hay algo más: si pasamos del exoterismo al esoterismo (...) constatamos muy generalmente la existencia de una iniciación ligada a los oficios y tomándolos como base; estos oficios son, por lo tanto, susceptibles de una significación superior y más profunda, y quisiéramos indicar cómo pueden, efectivamente, proporcionar una vía de acceso al terreno iniciático. Nos permitirá comprender mejor la noción de lo que la doctrina hindú llama swadharma, es decir el cumplimiento por parte cada ser de una actividad conforme a su propia naturaleza." 

Añadiremos que , de manera general, es el oficio lo que mejor está adaptado para servir de base a una iniciación como manifestación y como expansión de la propia naturaleza de cada ser.

Podemos comprender que la mayor parte de los Masones no alcanzan a realizar una actividad conforme a su propia naturaleza, viendo cómo ningún escrito trata específicamente de los símbolos ligados al oficio y la trituración de los rituales contemporáneos llega en algunos casos a suprimirlos y en otros a deformarlos. No habiendo hecho el Trabajo de reflexión y de meditación sobre el simbolismo del oficio, con el fin de descubrir los grandes principios universales subyacentes, los "iniciados virtuales" no tienen así ningún medio de abstraerse del mundo psíquico -incluso del más bajo- prolongándolo inconscientemente hasta los estados superiores, cuya comprensión y alcance exigen, sin embargo, que éste haya sido ampliamente superado.





Ni siquiera se dan cuenta de que permaneciendo "no conformes con su propia naturaleza" -por falta de haberla puesto a prueba y haberla identificado- se prohíbe así el acceso cualificado  a los estados superiores del ser, sobre cuya naturaleza no pueden tener mas que una visión deformada, al no haber adquirido previamente las cuantificaciones que únicamente confieren el estudio y la práctica de los símbolos ligados a los oficios.

Esperan que huir hacia delante podrá, de alguna manera, dispensarles de ello. Se trata aquí, y lo afirmamos con certeza, de una peligrosa ilusión, pues una iniciación tiene que ser necesariamente específica, ya que está ligada a la forma y, si esta forma específica no está totalmente realizada, la correspondiente iniciación virtual tampoco puede estarlo.

Descuidando los fundamentos mismos de la iniciación de los oficios que recibieron -y recibieron ésta y no otra-, se privan y al mismo tiempo nos privan, de esa indispensable preparación para aproximarse a la Verdadera Luz.

Respetando con humildad todas las enseñanzas de la obra de René Guénon -no solamente las que nos gustan o nos adulan- deseamos demostrar a aquellos que no se ilusionan que el simbolismo del oficio contiene claramente todos los tesoros de la metafísica, y que el estado del Hombre Primordial -al que puede conducirnos a través de los Pequeños Misterios- es ya un "estado superior del ser", al que muchos se sentirían felices de poder acceder si comprendieran toda su amplitud y profundidad. Tanto más en cuanto que, como lo repitió René Guénon, es este el estado condicional e inevitable para acceder  a esos otros estados que situamos en el terreno de los Grandes Misterios, de los que nadie puede hablar claramente, salvo para exponernos inútilmente los productos de su imaginación.

Aunque los llamemos "pequeños", a fin de poder distinguir el Ser Puro del No- Ser, estos "Misterios" no deben limitarse a los terrenos de lo psíquico y lo cosmológico, ni -como ya lo escribimos en "La Piedra Cúbica en Punta" (Vers la Tradition", nº60)- debe hacer muchos Hombres Primordiales o Auténticos, hoy en el mundo.

En el seno del Orden, el orgullo y su cortejo de ilusiones hacen aún más estragos -y, además, por los mismos motivos- que la monstruosa exteriorización a la que nadie se atreve a poner fin.

Es cierto que proponerse con humildad descubrir la profundidad de los símbolos del oficio y los tesoros que estos encierran no es cosa de broma, ni algo cómodo al principio, tanto menos en cuanto que, faltando en la mayoría de los casos las obligaciones prácticas del oficio, la especulación y la meditación se han vuelto aún más difíciles.

Esto está dentro del orden mismo de un ciclo que se acaba: si los símbolos se convierten en algo más accesible a un mayor número -con el fin de evitar que se pierdan- su examen, en contrapartida, se vuelve más laborioso que en épocas menos degradadas. Razón de más para no limitarse a una parte, con el fin de aprovechar plenamente lo que nos ha quedado y extraer todaslas enseñanzas que están lejos de la evidencia y la puerilidad, tal como lo iremos mostrando a continuación. En las páginas que siguen esperamos llegar a mostrar los tesoros que encierran estos símbolos, a sugerir con algunos ejemplos toda la profundidad de la que hablaba Guénon y a provocar, en aquellos que quieran ir siguiendo el hilo, la apetencia y el aprecio de meditar útilmente sobre la geometría, tanto la euclídea y exotérica como la pitagórica y esotérica, con vistas a entrever quien puede ser "arquitecto" y llegar a serlo realmente, según los propios medios de cada uno.

¡No olvidemos que conocido y conocimiento forman uno sólo con el conocedor!





Por 'Umar

Éditions Télètes, 2007, 51, rue de La Condamine, 75.017. Paris.


Traducido del francés por Álvaro de la Torre.